Reiki es mucho más que un sistema de sanación, es la Luz divina que forma parte de cada ser y a su vez parte del todo universal.

Ser un Reikista es alinear la conciencia, con la conciencia universal y absoluta. Las técnicas del Reiki, permiten a sus adeptos, el despertar al ser que realmente somos. Nuestro cuerpo se libra de las desarmonias producidas por factores emocionales y mentales que afectan a nuestro ser. Si de técnicas se pudiese hablar debemos considerar algunas reglas básicas tales como:

“Yo Soy”
Decir “Yo Soy”, es identificarnos con nuestra individualidad, con nuestra conciencia, con nuestro principio espiritual, principio único de la conciencia cósmica.
“Yo Soy” para el Reiki, además es la esencia de Buda, expresada por la actividad de cuerpo, palabra y mente individuales del ser consciente, cuya naturaleza es los tres kayas o aspectos de la realización, como transformación de sus tres puertas kármicas o causales:
Físico —- Energético-vital —- Síquico. La práctica de decir “Yo Soy” es un Yoga y una forma del Dharma. En Reiki podemos aprender a usar la fuerza de la afirmación del “Yo Soy” como un complemento del tratamiento, especialmente al inicio y al fin de la sesión, cuando generamos la motivación adecuada y cuando consagramos el beneficio de la práctica a una finalidad positiva.

Para poder apreciar la magnitud de esta terapia, debemos aprender a usar la afirmación “YO SOY”, que es la práctica del reconocimiento de nuestra identidad espiritual absoluta, y la toma de responsabilidad de nuestro poder creador, residente en nuestra conciencia.

Podemos decir: “En la Luz de la poderosa conciencia que Yo Soy, la armonía del campo universal de realidad se vierte sobre este ser para su perfecta sanación y realización.
Que esta sesión de Reiki sea causa para la iluminación de todos los seres en su verdadera naturaleza”; y al terminar, “Por el poder de la Luz infinita que Yo Soy, que todos los seres sean liberados de la ignorancia espiritual, que la prosperidad y el mérito aumenten incesantemente.
Que este ser encuentre rápidamente la paz, la Luz, la alegría y las circunstancias más auspiciosas, así como su pronta realización espiritual”.

· Siempre, Siempre Aprender sobre uno mismo.

Esencialmente, es “estando nosotros bien, podemos ayudar a los demás” La sanación no es producto de una breve ceremonia, sino de un cultivo que hace madurar las semillas de la iniciación recibida. Por eso es esencial dedicar tiempo al trabajo espiritual sobre sí mismo y al autotratamiento Reiki de manera cotidiana. Esto fortalecerá las facultades y la sensibilidad que se está abriendo en cuanto comienza la formación como terapeuta Reiki.

No es para desdeñar en la ignorancia la noción de que aunque el Reiki sea un néctar que nos ayuda a nosotros primero, por canalizarlo, tanto como al que lo recibe, nuestro propio grado de desarrollo humano, energético y espiritual, también es transferido al receptor, junto con el Reiki, aunque éste minimice los efectos inoportunos y nos mejore a todos los implicados.

Cuanto más realizados y sanos estamos, mejor es la calidad del Reiki que estamos traspasando; esto no quiere decir que en algún caso la balanza deje de ser enormemente positiva, pues siempre el beneficio del Reiki compensa más allá de los posibles defectos o carencias del canal.

Una vez que nos hemos limpiado y sanado a nosotros mismos, podemos ayudar a otros seres. A continuación se muestran las etapas a cumplir, para conseguir este objetivo.

Es necesario y muy valioso el trabajo de uno mismo para su propia sanación y realización, y de la misma forma se tiene que evaluar si el asistido tiene la capacidad en ese momento de autoayudarse de una determinada manera.

En este sentido, cuanto más se valore el Reiki y el trabajo de sanación, más rápido será el efecto que la persona recibirá, pues su campo personal de información ya tendrá parte del terreno libre para incorporar los mensajes unitivos del Reiki.

· La preparación

Consistirá en aquellas prácticas que el terapeuta realice antes de la llegada del receptor, o también ante éste de un modo breve o resumido. Por ejemplo, la meditación/mantra del Buda de la Medicina, el Yoga, oraciones y afirmaciones Yo Soy, ejercicios Tao de las órbitas microcósmica o macrocósmica, trabajos de Chikung y demás fórmulas que nos permitan sintonizar con un plano elevado de conciencia y una motivación generosa y altruista.

· Durante el tratamiento

En Reiki, mantendremos una actitud amable y atenta.
Recuerda que trabajas sobre el plano causal o kármico, por encima de la materia y del intelecto conceptual.
En nuestra preparación hemos invocado a los Guías o llamado a la presencia de la Luz, todo se desarrolla automáticamente. El Reiki-I se aplica tan sólo poniendo las manos. La intención consciente es la que abre el flujo. Recurre a la sección de posturas para orientarte, pero puedes dejar obrar a tu percepción natural que será guiada por el campo de sabiduría Reiki de todas formas. Tus manos estarán el tiempo necesario en el lugar adecuado.

Por supuesto, puede añadir otros medios de sanación complementarios y armoniosos, a tu entender, como el mantra, el canto, la aromaterapia, la música, el color, los aceites esenciales.

· La conclusión

Es poner el sello a la tarea. Esto es consagrar el poder generado durante la sesión a determinado fin, junto con el bien general de los seres y el despertar espiritual de todos ellos.
Si nos la saltamos, por descuido, se reducirá la consistencia del vínculo kármico positivo intentado con la preparación y el tratamiento, pues es en la fase final cuando hay algo que podemos tomar y moldear, gracias al trabajo realizado. Esta energía movilizada y los cambios causales introducidos en el continuo espiritual del receptor, deben ser estabilizados, y esta es la misión de las poderosas fórmulas de dedicación o sellado.

Podemos emplear las que nos propone la tradición espiritual más afín a nosotros, o encontrar nuestros propios decretos kármicos. Debemos tener siempre presente que Reiki es amor y compasión, inseparables de la sabiduría, como en todo camino de evolución espiritual.

Y que este amor compasivo se tiene que llamar, sentir y aplicar en forma de acción generosa durante el tratamiento, aspirando afirmativamente, declaradamente, para que se manifieste en todos los niveles de tu ser y el del receptor: cuerpo, energías, mente/espíritu. Así, la consagración final es una creación del mismo amor acumulado durante toda la sesión.